Hace ya más de tres décadas, en 1994, una modesta producción australiana, Las aventuras de Priscilla, reina del desierto, se convirtió en un éxito internacional y conquistó el Oscar al mejor vestuario. Encabezaba el reparto el veterano Terence Stamp, arropado por un par de actores a los que esperaban proyectos de envergadura: Hugo Weaving se incorporaría más tarde a las sagas de Matrix y El señor de los anillos, Guy Pearce despuntaría en títulos como Memento y L. A. Confidential. Pero más allá de unos intérpretes entregados a la causa, la cinta dirigida y escrita por Stephan Elliott llamó la atención del mundo por otras razones: el viaje de tres artistas que recorren el desierto de Australia deslumbró al público con su reivindicación feliz y desprejuiciada.
“Aquella película cambió la visión del colectivo LGTB y del mundo drag”, opina Cristóbal Garrido, más conocido como Sharonne, protagonista del musical inspirado en aquella comedia dramática que desembarca en el Cartuja Center la semana próxima, del 23 al 26. La ganadora de la segunda edición de Drag Race España cree que el largometraje no sólo redefinió el imaginario del show business, “ese universo de las transformistas de toda la vida”, y aportó un nuevo colorido a las salas de espectáculos y las fiestas. “También ayudó a que el pensamiento de la gente evolucionara. En esa película salía una familia atípica: un señor que estuvo con una señora, que ahora es gay y que tiene un hijo en común con esa mujer… Ahora lo vemos con más naturalidad, pero los creadores de Priscilla fueron unos adelantados en ese momento”.


